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miércoles, 3 de marzo de 2010

Bentley Supercharger


En la década de los veinte, se llegó a decir que en Le Mans corrían dos marcas: una Bentley, y la otra el resto del mundo.
Walter Owen Bentley, más conocido como W.O., llega al diseño y producción de sus famosos coches deportivos precedido de cinco años de aprendizaje en trenes de vapor, pues en 1904, cuando tenía 16 años, inició su formación como ingeniero de locomotoras de vapor. Su fascinación por éstas se inicia por ser entonces la máquina que mejor expresaba el equilibrio entre forma, fuerza y velocidad. Pero quizás lo que más le apasionaba era esta última, y por ello, en su tiempo libre, se dedicaba a participar en carreras de motos. Compitió con Rex e Indian, y entre sus experiencias deportivas se incluyen la participación, por dos veces, en el Tourist Trophy de la isla de Man, así como en pruebas de velocidad pura, subidas en cuesta y carreras en velódromo tipo Brooklands.

En 1910, el joven ingeniero de 22 años abandonó las locomotoras y se encargó durante dos años de la supervisión técnica de varios cientos de taxis, incluyendo su reparación y mantenimiento, en la empresa National Cab Company de Londres.

En 1912, junto con su hermano, se convirtió en agente para Londres de la empresa francesa en expansión DPF (Doriot, Flandrin & Parant). Dicha fábrica, de tan sólo seis años de edad, presentaba en competición, por primera vez, sus propios motores. Este ágil motor tetracilíndrico de dos litros fue preparado para la competición por los hermanos Bentley. En ésta primera participación en competición, W.O. sorprendió tanto a los propietarios de DFP como a la competencia, con una victoria en el mítico Brooklands y, poco después, lograría el récord mundial de velocidad en la categoría de dos litros con una marca de casi 150 Km/h. El secreto de su éxito radicaba, entre otros, en el empleo de pistones de aluminio. Por entonces, aún no se consideraban resueltos los problemas de durabilidad y es en este campo donde W.O. fue un pionero.

Con el inicio de la Guerra Mundial en 1914, Bentley fundó la primera empresa británica de motores de aviación que utilizó pistones de aluminio: los Bentley BR1 y BR2 con disposición de los cilindros en estrella y refrigerados por aire, que resultaron de entre los mejores y más potentes de las fuerzas aliadas. En 1919 Bentley funda su propia compañía de automóviles con el objetivo de fabricar “un coche rápido, un buen coche, el mejor de su categoría”.
El primer motor de tres litros quedó terminado en octubre de 1919, y un mes más tarde el primer automóvil se enviaba al Olympia Motor Show. Los pedidos comenzaron y meses más tarde se efectuó el primer test en carretera publicado por The Autocar, lo cual originaría más pedidos y la creación de una pequeña fábrica en Oxgate Lane-Cricklewood. El primer Bentley de 3 litros, un cupé, se entregó en Septiembre de 1921. Este modelo fue construido hasta 1923 y, a pesar de su elevado precio, se vendieron 1.619 unidades. Sus características básicas se mantendrían en todos los Bentley fabricados en Cricklewood, donde se construyeron coches con motores de 3, 4.5, 6.5 y 8 litros.

A partir de 1931, sólo quedó el nombre y la calandra de la verdadera Bentley. Por lo tanto, tuvo una existencia muy corta. Sólo doce años pletóricos de gloria y fama…..y también de constantes problemas económicos. W.O. Bentley tenía las ideas clarísimas en el campo técnico, pero bastante confusas en el empresarial. Finalmente, Rolls-Royce absorbió Bentley….. y Cricklewood cerró las puertas para siempre. Walter Owen Bentley aguantó, que remedio le quedaba, tres años más al servicio de la marca de la alada dama de plata. Después trabajó para Lagonda y Aston Martín, a quien llevó en 1954, con su motor de 3 litros, a ocupar los tres primeros puestos en las 24 horas de Le Mans, recordando así las 5 victorias de Bentley en 1924, 1927, 1928, 1929 y 1930.

Aquellos fueron los años gloriosos en que los Bentley Boys cosechaban éxitos para W.O. mientras Ettore Bugatti ironizaba, no sin cierto respeto, que “Monsieur Bentley fabricaba los camiones más rápidos” debido al tamaño de estos coches.

W.O. vivió hasta 1972, pero para sus admiradores, que siguen conservando, cuidando, mimando y conduciendo más de un tercio de las 3.034 unidades fabricadas en Cricklewood, ha pasado a ser un personaje inolvidable.

Cuando los organizadores de la maratón automovilística del circuito de La Sarthe invitaron a W.O. Bentley a que participara, el constructor se negó afirmando que sus pura sangre no estaban hechos para correr durante todo un día y una noche. Más tarde, cuando supo que ninguna marca iba a defender los colores británicos, W.O. reconsideró su decisión.
La presentación, cuya delegación fue encabezada por W.O. en persona, resultó bastante desafortunada. Pilotado por Duff y por Clement, probador y piloto oficial de la marca respectivamente, el coche logró mantenerse en cabeza durante algún tiempo.
En medio de la carrera, una piedra rompió el tanque de combustible. Duff hizo cinco kilómetros a pie para llegar hasta los boxes y Clement, con una bicicleta prestada y dos latas de gasolina cargadas sobre sus espaldas, llegó hasta donde había quedado el auto y reinició la marcha. A pesar de estos esfuerzos, la ventaja que le habían sacado sus rivales era ya muy grande, y el Bentley se tuvo que conformar con un cuarto puesto. Al año siguiente, 1924, la suerte los acompañó un poco más, y el binomio Duff-Clement se impusieron en Le Mans recorriendo cerca de 150 Km más que el segundo clasificado.

W.O. Bentley había cambiado ya su opinión sobre las 24 Horas, y en 1925 inscribió dos autos: al equipo habitual Duff-Clement, se sumó esta vez otro, integrado por Bertie Moir y David Benjafield. Corriendo con la capota subida, el automóvil de Moir-Benjafield consumió mucho más combustible de lo que se había previsto, y se detuvo cuando todavía le faltaban veinte kilómetros para llegar al puesto de reabastecimiento autorizado. La otra máquina se incendió mientras se encontraba en la segunda posición.


Tres Bentley se alinearon en la edición de 1926, entre los cuales se contaba un nuevo modelo, el Súper Sport, más liviano y veloz. Fueron veinticuatro horas de desgracias: dos autos terminaron en sendos accidentes, y el tercero se retiró veinte minutos antes de cumplir el plazo establecido.
Al año siguiente, W.O. Bentley agregó a los dos coches de 3 litros uno nuevo de 4,5 litros muy veloz. Todos los vehículos estaban equipados con un dispositivo que permitía al piloto regular los frenos a medida que se iban gastando las zapatas. Durante las primeras horas de la noche, un accidente múltiple estuvo a punto de eliminar a todos los autos verdes. Los tres Bentley resultaron dañados, dos de forma irreparable, pero el tercero, con el chasis deformado, la dirección afectada y casi sin frenos, continuó en carrera. Benjafield y Dawis lograron llevar el destartalado auto a la victoria.

En 1928 se agregaron algunos nombres a la lista de pilotos de Bentley: Birkin, Barnato y Chassagne. A nueve minutos del término de la carrera, Barnato, que se encontraba líder, descubrió que en el radiador de su auto sólo quedaban unas pocas gotas de agua. A pesar del grave riesgo que corría de fundir el motor, siguió adelante y aseguró para Bentley su tercera victoria en Le Mans.
Para los autos ingleses, 1929 fue muy bueno: se inscribieron cinco, y cuatro de ellos ocupaban los cuatro primeros puestos al completarse las veinticuatro horas de carrera. A lo largo de los últimos trescientos kilómetros, los Bentley conservaron sus respectivas posiciones y cruzaron la línea de llegada en un desfile triunfal.

Antes de empezar la octava edición de las 24 Horas, los pronósticos eran favorables para el Mercedes de 7 litros con compresor, pilotado por Rudi Caracciola y Christian Werner. De todas maneras, W.O. Bentley recogió el reto y se presentó con dos escuadras: una “oficial”, compuesta por tres nuevos Bentley de 6,5 litros, y una ”privada”, de tres autos con motores de 4,5 litros sobrealimentados. Tal como estaba previsto el Mercedes se puso líder desde un principio, pero los pilotos de los Bentley iniciaron una cacería despiadada para obligar al equipo alemán a utilizar el compresor. En efecto, W.O. había dicho que el Mercedes no resistiría si se le obligaba a andar durante mucho tiempo con el compresor conectado. El constructor estuvo acertado, y dos Bentley llegaron a la meta en primer y segundo lugar. La quinta victoria en Le Mans fue el canto del cisne para la marca londinense. La gran crisis económica hizo el resto y Bentley desapareció para siempre.

El famoso piloto de carreras Sir Henry Birkin, junto a Clive Gallop y el experto en compresores para sobrealimentación Amhurst Villiers desarrollaron una versión sobrealimentada del Bentley 4,5 litros, que era mucho más rápido que las máquinas convencionales de 6,5 litros. Esta decisión fue tomada contra la opinión de W.O. Bentley, quien estaba temeroso y no confiaba mucho en el funcionamiento de éste motor, pero mientras duraron estos autos, su velocidad fue incomparable. Prueba de ello es que sigue aún en vigor el récord de Birkin en el antiguo circuito de Le Mans. Birkin también logró otro récord en el circuito de Brooklands, cuando convenció a la Honorable Dorothy Padget para que financiara sus participaciones en las carreras.
Con su respaldo construyó un auto, el cual a menudo se menciona como el Auto-Pau. Con este el coche, Sir Henry afirma haber logrado los 220 Km/h durante el Grand Prix francés en Pau, donde terminó en segundo lugar con un promedio de 143 Km/h durante los 395 Km que constaba la prueba...

1 comentarios:

álex dijo...

Hola Germán... me ha gustado mucho tu blog: la estructura, el diseño, los contenidos... todo muy bien!!! Se nota que eres un gran aficionado al automovilismo... diría más: un gran apasionado.

Te dejo la dirección de mi blog, por si quieres curiosear... notarás que, aunque es sustancialmente diferente al tuyo, coincidimos en la pasión por el deporte del motor. Un saludo.

http://mulsannestone.blogspot.com/

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